El tratamiento de la tartamudez |
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9/11/2006 - Por: Pedro Rodríguez Carrillo El Dr. Pedro R. Rodríguez C. es tartamudo y psicólogo. Doctor en Psicología y además posee una Maestría en Psicología Social. Es Profesor Titular de la Universidad Central de Venezuela. Docente en las maestrías de Psicología Social y de Educación, mención Tecnologías de la Información y la Comunicación. Miembro del Comité Académico de la Cátedra Libre de Discapacidad de la Misma Universidad. |
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La tartamudez es un trastorno tan antiguo como la misma humanidad, iinnume-rables han sido las interpretaciones que sobre su génesis, mantenimiento y formas de abordaje se han dado. Numerosos han sido los estudiosos que desde su punto de vista, han tratado de explicar el problema y sus repercusiones. A pesar de esto, hoy día, la tartamudez sigue siendo una gran desconocida. Quizás, el aspecto más trabajado ha sido su tratamiento: numerosas técnicas, uso de aparatos y sofisticadas estrategias terapéuticas han sido probadas y reportadas como exitosas, pero con el correr del tiempo, caen en desuso y su efectividad es cues-tionada pues, en la mayoría de los casos, no se obtienen los resultados esperados. Esto, en nuestra opinión, es debido a que los tratamientos tradicionales centran su atención en el trastorno y no en la persona que lo padece. Basadas en el Modelo Médico, las propuestas terapéuticas tradicionales, básicamente, se orientan en dos ví-as: terapias orientadas a “tratar el síntoma” y basadas en técnicas de rehabilitación del habla disfluente y terapias orientadas a proporcionar herramientas que permitan contro-lar y esconder la tartamudez. ¿Qué es la Tartamudez? Para muchos, esta puede que sea una pregunta fácil de responder pues la mayo-ría de las personas ha oído hablar a un tartamudo, o ha escuchado algún chiste acerca de los tartamudos. Cuando observamos a alguna persona repetir algunas sílabas o letras, lo clasificamos como “un tartamudo”, de allí que la definición más común y popu-larmente aceptada de tartamudez es aquella que hace referencia a la falta de fluidez en el habla de las personas. Cuando revisamos la literatura especializada, observamos que la mayoría de las definiciones se limitan a describir los comportamientos observables. Es así como el CIE-10 define la tartamudez como: “Un trastorno del habla caracterizado por la repetición o prolongación frecuente de soni-dos, sílabas o palabras, o por numerosas vacilaciones o pausas que interrumpen el flujo rítmico del habla, que deben ser clasificadas como patológicas únicamente cuando su gravedad afecta a la fluidez del lenguaje de un modo importante. En ocasiones, la tartamudez se complica y puede acompañarse de movimientos de la cara u otras partes del cuerpo, que coinciden en el tiempo con las repeticiones, prolongaciones o pausas en el flujo verbal. Se considera la tartamudez co-mo un proceso cronificante, con períodos de remisión parcial y exacerbaciones que se presentan frecuentemente cuando existe una especial presión para hablar”. Por su parte, Malcom Fraser (1977), director de la Speech Foundation of America (hoy Stuttering Foundation of America), planteaba que: "De acuerdo a muchos diccionarios y al público en general, la tartamudez es definida como vacilaciones o tropezones en la pronunciación de las palabras"; pero, para este autor, esta definición no es completa a menos que ella sea cla-sificada en base a un mínimo de tres enunciados: 1) El hablante no tiene nin-guna anormalidad física o mental que esté relacionada con la falta de fluidez en el lenguaje. 2) Percibe que su forma de hablar no es la usual y lo considera un problema o una dificultad, y 3) Busca enfrentarse a esta dificultad por medio de reacciones de escape que interfieren con su habla, incluyendo sus intentos de obligarse a hablar en forma fluida." (pág. 7) En 1977, la Speech Foundation of America publica un folleto denominado “Stutte-ring Words” y define la tartamudez como: "Un desorden en la comunicación, caracterizado por excesivas disrup-ciones involuntarias o bloqueos en la fluidez del lenguaje, particularmente cuando dichas disrupciones consisten en repeticiones o prolongaciones de un sonido o sílaba y cuando ellas van acompañadas de conductas de evitación con esfuer¬zo". (Speech Foundation of America, 1977, pág. 5).
El SER está conformado por una autoimagen negativa que hace que el tartamu-do se sienta inferior a los demás y, como lo indica Van Riper (1971), la autoimagen es un proceso psicosocial que se conforma en función de las reacciones y evaluaciones de los referentes importantes para el individuo (padres, maestros, amigos etc.). El tartamu-do se sabe y evalúa como una persona inteligente, poseedor de muchas cualidades, pero estas características positivas cree que están anuladas por su forma de hablar. Estima que sus interlocutores lo perciben como un minusválido y piensa que nunca po-drá acceder a un buen empleo, no conseguirá pareja o no podrá realizarse en la vida debido a su tartamudez. Esto hace que el tartamudo vaya conformando un HACER que gira alrededor de su problema del habla: trata de ocultar su tartamudez, asume falsos roles, implementa formas artificiales de hablar empleando muletillas, sinónimos, movi-mientos corporales y “cuando el truco falla” y se instaura el círculo vicioso descrito por Sheehan (1992) comienza a evitar la interacción social, para convertirse poco a poco en un ser solitario, que prefiere su aislamiento al miedo que le produce el tener que pre-sentarse ante otros como un mal hablante. Este HACER, unido a una identidad perso-nal sub-valorada (SER) hacen que el tartamudo vaya conformando un SENTIR cargado de emociones negativas entre las cuales se observan frustración, vergüenza, odio, mie-do, culpa y tristeza. Figura No. 1: Esquematización del Círculo Vicioso descrito por Sheehan (1992) Es por ello que la tartamudez no puede ser vista como un “simple trastorno del habla”; ella es, como lo dijimos anteriormente, un trastorno de la comunicación en el que están involucrados factores biológicos, psicológicos y sociales que interactúan constantemente y que son los responsables del surgimiento y mantenimiento del tras-torno. (VER FIGURA 2 EN ARCHIVO ADJUNTO)
Cuando hablamos de tartamudez es necesario diferenciar dos momentos o tipos de tartamudez: las disfluencias propias del desarrollo y la tartamudez propiamente di-cha. En el Cuadro No. 1 presentamos sus diferencias. Cuadro No. 1: Diferencias entre Disfluencias y Tartamudez Disfluencias Tartamudez Se consideran propias del desarrollo del habla de los niños y se caracterizan por: • Balbuceos • Pequeños temblores en los labios y man-díbula.
El tratamiento de las disfluencias: Éste debe orientarse hacia prevenir la tartamudez y a ayudar al niño en su pro-ceso madurativo del habla y para ello orientamos nuestra acción hacia el control del entorno a través del trabajo con padres, maestros y demás figuras significativas donde, a través de talleres de sensibilización, trabajamos creencias y actitudes y la angustia que produce el habla disfluente del niño. Igualmente, los entrenamos en cómo enfrentar las situaciones de habla disfluente y cómo enseñar al niño patrones comunicativos ade-cuados. El trabajo que se hace directamente con el niño se orienta básicamente a ense-ñarle patrones comunicativos adecuados y a la eliminación de tensiones dentro del pro-ceso comunicativo. El tratamiento de la tartamudez: La tartamudez, como lo indica la definición del CIE-10 es “proceso cronificante”, que lejos de curarse, se mantiene y agrava con el tiempo, de allí que es necesario bus-car esquemas terapéuticos alternativos que, lejos tratar exclusivamente el síntoma has-ta su completa remisión, se orienten hacia los siguientes aspectos: • Ayudar al tartamudo a aceptar su forma de hablar. Lo cual se logra a través de la conformación de Grupos de Apoyo o Grupos de Auto-ayuda y mediante el manejo de técnicas específicas orientadas hacia el incremen-to y mejoramiento del proceso comunicativo.
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| Figura 1 - |
| Figura 2 - |
| Cuadro 1 - |













